El origen de esta conmemoración se encuentra en la Ley 1448 de 2011, conocida como la Ley de Víctimas, un acto de reconocimiento histórico que trazó el camino para restablecer la dignidad de quienes han sufrido el rigor del conflicto armado. Esta ley no solo establece medidas de reparación, sino que siembra un compromiso ético: el de preservar la verdad y honrar la memoria.

Porque la memoria no es un ejercicio del pasado, es un acto de justicia en el presente. Es, quizás, el arma más poderosa contra la repetición. Recordar es alzar la voz por quienes fueron silenciados y afirmar con firmeza: ni una víctima más, ni un minuto más de silencio.

Más de 9 millones de historias no son una cifra. Son rostros, nombres, sueños interrumpidos. Son un país que se niega a olvidar, que exige dignidad, que reclama verdad y que camina con la convicción de que el dolor no puede repetirse.

Sanar no es olvidar

Sanar es mirar de frente la historia, abrazar la memoria y transformarla en compromiso. Un compromiso inquebrantable con la paz, con la vida y con la no repetición.

Esta fecha, nos invita a reconocer el valor de las alianzas, de la solidaridad y de la construcción colectiva de una paz verdadera. Porque solo cuando la memoria se convierte en conciencia, y la conciencia en acción, es posible construir un futuro distinto.

Por la paz y la dignidad,
la no repetición no es una opción:
es un compromiso inamovible.